sábado, 31 de octubre de 2009

Noche de difuntos

(a partir de una leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer)


La tarde del último dia de Octubre le sorprendió donde siempre, trabajando en aquella peluqueria del casco antiguo de la ciudad. Trabajaba de sol a sol y no se sorprendió oir el sonido de las campanas de la catedral coincidiendo con la puesta de sol. Él llevaba bastante tiempo en aquella ciudad de calles mediavales y angostas y habia acumulado gran fama entre sus clientas. Ellas se disputaban sus servicios porque decian que sus manos tenian un don divino para lograr el peinado perfecto, que realzaba la hermosura de las bellas y hacía aflorar la belleza de las menos agraciadas. Algunas clientas decían que sus dedos eran un prodigio divino, otras le llamaban demonio porque su precisión, su arte, su genio, no eran de este mundo. Pero todas ellas acudían puntuales a su cita porque no habia otro como él en la ciudad.


A todas ellas les dedicaba una sonrisa, un halago, una conversación. Mientras les lavaba el pelo, o les cortaba las mechas o les tintaba el cabello, él notaba en sus clientas la atracción que les despertaba. Un joven hermoso, diestro, lleno de fuerza, de vitalidad... y que era objeto de los deseos mas ocultos de aquellas mujeres. El respondia dichoso a ese coqueteo, jugando al juego pero sin ir más alla de las palabras o alguna caricia porque con ninguna de ellas sentia nada que no fuera un sentimiento de afecto..... hasta que llego Beatriz.

Había entrado en la peluqueria por primera vez hacia dos meses y desde que la vió por vez primera supo que la deseaba, que quería que fuera suya. Cuando resbalo sus dedos por sus sienes sintió que la atracción era recíproca... ella entreabió los labios y dejo escapar un suspiro... pero...¡ay!...la bella Beatriz era una mujer vanidosa.. acostumbrada a coquetear, a hacer que sus pretendientes bebiesen los vientos por ella, eso le halagaba, y siempre que podía, entraba en ese juego de seducción... y con el peluquero no iba a ser menos...

Habían pasado dos meses de juegos...el peluquero habia ido poco a poco descuidando la atención a las demás clientas que habían empezado a murmurar al principio y poco a poco dejaron de ir....esa tarde cuando las campanas de la catedral sonaron y Beatriz entró en la peluquería, era la primera persona que entraba ese dia en aquel establecimiento...

...él la miro con desesperación de amor... ella le sonrio gélidamente y se sentó en la silla...

Beatriz no habló hasta que él no concluyo de lavarle el pelo.- He de decirte que pronto vamos a separarnos, tal vez para siempre. Me han ofrecido un empleo en otra ciudad - al terminar su frase hizo un gesto de fría indiferencia ante lo que le habia dicho, todo un carácter de mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios.

Él sintió que un abismo se abria bajo sus pies, un abismo que presagiaba la separación y tartamudeando le respondió- Sabía que llegaría este momento. Una mujer como tú no tiene cabida en una pequeña ciudad como esta y antes de irte para siempre quisiera que al separarnos, llevases una memoria mía... ¿Te acuerdas aquella tarde cuando te acompañe a tu casa la primera vez? Una cadena de oro que llevaba yo cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría adornando tu hermoso cuello! Es una hermosa joya que mi madre le regaló a mi padre y yo quiero que la lleves tú.. ¿La quieres?

-Para mí, una prenda así recibida compromete una voluntad y no se si mi voluntad desea ser comprometida.

El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un momento al joven que, después de serenarse, dijo con tristeza:

-Lo sé pero hoy se celebran Todos los Santos y el tuyo entre todos;. Hoy es día de ceremonias y regalos. ¿Quieres aceptar el mío?

Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la joya, sin añadir una palabra.

Se hizo el silencio en la peluquería, solamente roto por el zumbido del aire que hacía crujir los ventanales. Al cabo de algunos minutos, el peluquero continuó: - Y antes que concluya el día de Todos los Santos en que así como el tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, ¿no lo harás? -dijo él, clavando una mirada en ella, que brilló como un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.

-¿Por qué no? -exclamó ella, y llevándose la mano al bolso, como para buscar alguna cosa, añadió con una infantil expresión de sentimiento: -¿Te acuerdas de la bufanda azul que llevé ayer?

-Si.- Dijo el con voz trémula.

-¡Pues... se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un recuerdo.

-¡Se ha perdido! ¿Y dónde? -preguntó el peluquero, acercándose con una indescriptible expresión de temor y esperanza a su rostro.

-No sé... En el monte acaso.

-¡En el monte! -murmuró, palideciendo. ¡En el monte! -luego prosiguió, con voz entrecortada y sorda-: Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces, las leyendas que circulan sobre ese lugar desolado. Historias de horror, donde han desaparecido personas en otras noches como esta, prostitutas, vagabundos, paseantes solitarios... ¡La Noche de Difuntos! El horror campa por ese lugar. Otra noche iria a por esa bufanda, y volvería gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta noche..., ¿por qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes?



-Tonterías- respondió ella- No creerás todas esas leyendas sobre fantasmas y aparecidos, sobre ánimas en pena. Son cuentos de niños... parece mentira...un adulto como tú- una fria sonrisa le heló el alma- Querido... que estamos en el 2009 y eres un hombre adulto, no me vengas con historias de viejas - concluyó ella lanzando una carcajada.

Su rostro se enrojeció con una mezcla de verguenza e ira... cogió su chaqueta y salió de la peluquería hacia la noche oscura -Adiós, Beatriz, adiós, hasta pronto - dijo el joven mientras la cara de Beatriz mostraba una radiante expresión de orgullo.



Ella se reclinó en el asiento de la peluquería y sin saber cómo...se adormeció. -¿Cuantó habia pasado?- dijo ella incorporándose mientras oia las campanas de medianoche en el relojo de la Catedral. -¡Habrá tenido miedo! -exclamó la joven, mirando nerviosa a la puerta. Creía haber oído, pronunciar su nombre, pero lejos, muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en la calle -Será el viento -dijo-, y poniéndose la mano sobre su corazón procuró tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia, algo había tocado los ventanales produciendo un sonido agudo, prolongado y estridente. De repente la luz se apagó. Beatriz no sabia si se encontraba despierta o dormida. Vino un largo silencio, un silencio lleno de rumores extraños, lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles, ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas, que casi se siente, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya aproximación se nota, no obstante, en la oscuridad.

Beatriz, inmóvil, temblorosa, salió a la calle y escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos, se pasaba la mano por la frente, pero no oia nada, solo el silencio. En la calle oscura acercó a ver con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas las direcciones - Tonterias - exclamó, volviendo a entrar en la tienda. Se dirigió hacia el interior de la tienda pero de repente sus pasos se detuvieron. Algo había oido. Su nombre susurrado. Ya no era una ilusión: la puerta de la peluqueria se habia abierto, y unas pisadas lentas sonaban en la estancia. El rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y ella corrió a la trastienda, tropezando con una silla, abrió la puerta del lavabo y se encerró dentro.

Beatriz lanzó un grito agudo y contuvo el aliento.


Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin, despuntó el sol del nuevo dia. Se incorporó sin saber si habia podido dormir algo aquella noche. Abrió la puerta del lavabo que había cerrado con el pestillo y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: sobre la silla volcada había visto, sangrienta y desgarrada, su pañuelo perdido.

Cuando la policia entró en el establecimiento tras haber encontrado el cuerpo sin vida del peluquero entre las malezas del monte y con el cuello roto, la encontraron inmóvil, agarrada a esa bufanda, desencajados los ojos, entreabierta la boca, blancos los labios, rígidos los miembros, muerta, ¡muerta de horror!

...


Dicen que despues que se hubieran apaciguado las murmuraciones y que el olvido hubiera caido sobre la peluqueria, un borracho extraviado que pasó la noche de Difuntos en aquel monte desolado, y que al otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas terribles. Entre otras, aseguró que vio a los pálidos esqueletos de antiguos caballeros y nobles enterrados levantaban sus amarillentos cráneos de entre las malezas con un estrépito horrible. Contó entre sollozos como un terrorífico ejército de caballeros sobre osamentas de corceles, perseguia como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada que, con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, gritaba angustiada en la oscuridad vacia del monte el nombre de aquel peluquero.


...gracias Gustavo Adolfo y que le den a las calabazas...


Música: "The Mummers' Dance" por Loreena Mckennitt. Escúchala usando la radio de este blog

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buena historia. Especialmente para este dia de muertos.

Beatriz me recordo a la leyenda de la monja de la catedral en Durango. La leyenda cuenta que, hace mucho tiempo, cuando el ejercito frances ocupaba Mexico, en Durango, un soldado se enamoro de una bella joven llamada Beatriz. Vivieron juntos hasta que el tuvo que regresar a Francia, y aunque juro que volveria por Beatriz, no pudo: lo mataron poco despues de salir de Durango.

Beatriz nunca lo supo, pero si se entero poco despues de que habia quedado embarazada. Desesperada, se recluyo a si misma en un convento.

Durante meses subio al campanario de la catedral de Durango para vigilar la ciudad y buscar cualquier señal del regreso de su soldado, en vano. Y siguio subiendo hasta una fatidica noche, en que una caida la mato a ella y a su hijo.

Nadie supo si fue suicidio, o un fatal accidente, pero lo que si se sabe es que desde entonces su espiritu atormentado sube todas las noches a la catedral, vigilando aun despues de tanto tiempo a la ciudad, esperando aun por el regreso de su enamorado.

Espero te halla gustado la historia. En mi bello Durango es muy famosa, ya que de verdad se puede ver la monja en el campanario. Hasta es atractivo turistico.

Arroz!

Aleixandre Biedermann dijo...

Me ha encantado Avril... si alguna vez tengo la suerte de visitar tu pais, estate segura que ire a Durango y subire a ese campanario
Besos mil!